NOSTALGIA. ( escrito en los 70s.)
Siento que me aplastan los ojos;
me siento un poco de tierra,
un poco de silencio
y un mucho de piedra…
tan de piedra
que las siento brincar
dentro de mí.
Creo que hoy mi corazón
pesa a piedra negra y seca.
¿Será eso la nostalgia?
Me siento aplastado por dentro
y mis fibras rotas lloran vidrios,
lloran tiras de alma y de suspiros.
Siento que me voy quedando vacío.
¡Se está cambiando de casa mi alegría!
mi alma se va a los sueños de espumas,
mi memoria se quiere enredar en mis cabellos
y la nostalgia está abriendo mi ventana.
¡Me siento vacío ya de todo!
los últimos en salir
fueron los recuerdos…
salieron como en tendedero
y ya no recuerdo nada.
Sólo recuerdo un gran vacío;
sólo recuerdo
que alguien brincó mi ventana
y abrió la puerta de mi alma.
¿Será la nostalgia?
¡No importa, no importa!
que vuelva amueblar mi alma
pues yo… en aquel tendedero
también tendí la nostalgia.
ENTRANDO A LA MUERTE. ( escrito en los 80s.)
Me detuve en la esquina de la calle
ya que miré mucha gente caminando
barriendo, sentados, platicando…
casi todos eran viejos
y al acercarme a ellos
miré caras de papel, ojos secos,
surcos infinitos de tristeza
en piel marcada, amarillenta,
por incansables náufragos del tiempo;
temblor de cuerpos y de huesos,
jirones de trajes calcinados,
viajeros de soledades olvidadas.
Traspasé árboles rojos,
jardines transparentes
y enredaderas de gusanos,
banquetas con escamas de tristeza
y faroles de luz
chorreando la negrura del infierno.
Tropecé con una sombra vieja
de olor penetrante
a humedad olvidada en un rincón.
¡Qué pasa! –le grité-
Dejó la escoba de la nada
y en voz polvosa y rechinante
saltaron mil ecos destripados.
“Estamos arreglando la calle
de los recién salidos de la vida
y los recién llegados a la muerte”.
Desperté entonces
con la lengua de perico salitroso
recordando mis dolencias siderales:
el seco frío que recorre
los cuatro rumbos de mi soledad…
-la más dolorosa de todas-
la fría gangrena que me quema
las neuronas de mis cuatro soles,
mis dolores de riñones
que filtraron el acero derretido
de mi corteza de granito y de montaña,
los pichazos de la bomba de mi sangre
desbordada en el rojo atardecer .
Mis tinieblas en el día
y mis días de tinieblas,
mis alegrías de silencios,
mis huellas desteñidas
y mis pasos como de borracho,
temblorosos, que se alejan
de la calle de la vida.
MI OTRA CASA. ( escrito como en 1988)
Mis pasos retumbaron en la noche
y mi sombra fue una más de las mil sombras
mezcladas en el piso de la calle,
esa calle tan triste, tan sola, tan nada.
Por fin llegué a la casa señalada
y mis zapatos lastimaron el silencio.
El ruido viejo de la vieja vida
me caminó muy hondo por los huesos.
Una alfombra verdosa me miró muy triste
y con húmedo acento me gimió al oído:
por aquí pasó corriendo la vida
y la muerte la siguió presurosa,
sigilosa la alcanzó.
Mis zapatos caminaron con mis ojos
y se detuvieron en las sillas, en la mesa,
las tazas y cucharas en el comedor.
El ruido viejo de la vieja vida
me caminó muy hondo por los huesos.
Aquí se sentó la vida –comentó la silla-
aquí bebió la vida, aquí comió,
aquí platicó y caminó
gritaron la mesa, la taza y la cuchara
y los trastos de polvo en la cocina.
Aquí se acostaron los recuerdos y los sueños
me gritó una vieja cama en su cuarto viejo;
aquí se acostaron la vida… y la muerte…
y la muerte se acostó con ella…
se levantó la vida y no regresa.
La vieja cama en su cuarto viejo
me miró con tristeza de almohada
y me preguntó:
¿Acaso no viene contigo?
El ruido viejo de la vieja vida
me caminó muy hondo por los huesos.
Me desesperé, corrí del cuarto
pero mis zapatos y mis ojos
se fueron a platicar con la ventana:
por aquí se asomó al mundo –les dijo-
en mí reclinó su frente,
por mí suspiró sus quimeras
y un día pasó la rueda del tiempo
y se fueron cogidos de la mano.
El ruido viejo de la vieja vida
me caminó muy hondo por los huesos.
Me rodearon los trastos de la casa,
la mesa, las sillas y la cama,
los recuerdos y los sueños,
los pasos del silencio
en el vientre de la alfombra,
telarañas y polvos de los vidrios.
¿Acaso no vienes a quedarte?
¿No vienes a levantar la muerte?
¿No te devolvió la rueda del tiempo?
¿No vienes a revivir la vida?
me gritaron con espantosa desesperación.
Recogí mis zapatos y mis ojos
y salí corriendo por el patio..
Hasta allá escuché sus gritos y sollozos.
Traspasé el muro del silencio
y volví a la calle de la vida.
Recordé entonces
que el fin de año melancólico
nos invita a casas desoladas
que todos llevamos por dentro…
a casas de recuerdos y tristezas
que llevamos un poco o un mucho
en la casa de la vida.
¡Y el ruido viejo de la vieja vida
me caminó muy hondo por los huesos!
NO ME DESPIERTES MÁS...
BOBBY GARCÍA
( Leído los primeros minutos de enero 2009)
(mis momentos soledosos “han llegado” más de seguido en los últimos años, aunque desde los setentas “llegaban” algunos)
Señor... cada día que despierto
veo los ríos llenos de corazones disecados,
veo las ciudades derramadas en carroña,
llenas de pobreza, angustia y soledad.
Señor... cada día que despierto
me duelen los olvidos de cada soledad
y me duele mucho la mía soledad
y mi lápida llena de musgo
y mis ojos llenos de tierra
y mi ataúd lleno de sanguaza
y mis gusanos hartos de muertos.
Señor... cada día que despierto
me cansan más los caminos
y la brisa fresca del encino
y mis recuerdos y mis silencios y mis tardes;
me cansan más mis pasos
mi casa y mis zapatos
y el patio lleno de esperas y nostalgias.
Señor... cada día que despierto
el nuevo arbolito y Santa Claus
me parecen más tristes que el año que pasó
y el cansancio de mis canas y mi barba
parecen del ataúd su mortaja.
Señor... cada día que despierto
me duele mucho la vida
y el mundo de sonrisas
y manitas temblorosas de los niños
y su ternura, su amor y su candor
aplastadas por el peso gusanoso
de los actos criminales del poder...
¡ No me despiertes más,
no me despiertes más, por favor...!
quiero vivir el sueño de mi muerte.
UN ABRAZO SOLIDARIO.
MELANCOLÍA
( Escrito a las once de la noche del 31 de Diciembre 2010. Leído en la reunión Familiar de fin de año y año nuevo, a los 0.35 minutos del día PRIMERO DE ENERO DE 2011)
(UN ABRAZO DE AÑO NUEVO)
¡Oh Diosa de la melancolía!
Morada creativa de los seres superiores,
Dadme los remos de la barca de los cuatro rumbos
Para cantar y contar esta noche de fin de año
Los peldaños alcanzados y los que me derribaron…
Por mi cuerpo viejo, por mis arrugas y mis canas,
Por mis quimeras y nostalgias, mis calcetas rotas,
Mis rotos harapos, harapos sin cuerpo, sin memoria.
¡Oh Diosa de la melancolía!
Gracias por llenarme de paciencia
Para esperar a la sombra de las setenta huellas
La carreta de mi muerte, muerte sin orillas,
Para esperar los obligados rituales:
-rituales que detesto, me derrumban, me aniquilan-
Funeraria, coronas, ataúd, amigos y morbosos,
-y un “quiotro” borracho-
El llanto de mi esposa, mis hijos, mis nietos
los que en verdad sentirán mi ausencia.
¡Oh Diosa de la melancolía!
Lléname de tu venturosa gracia
Para poder observar desde el fondo del silencio
La pesada soledad que me hará eterna compañía,
Al lado de los miles y miles de gusanos
Que se comerán mis ojos, mi barba y mis suspiros…
En esa mi muerte desolada, comida por gusanos
Sobrevivirá mi romántica terquedad
Por las piedras luminosas de la casa comunal.
¡Oh Diosa de la melancolía!
Lléname de tu venturosa gracia
Para ver mi tumba asaltada por maleza,
Huellas borradas por el tiempo,
Tumba de soledad, sin suspiros y recuerdos muertos.
Lléname de tu venturosa gracia
Para sentir los chorros de tierra
En mis ojos, mi boca y mi nariz
Al romperse el ataúd…
Chorros de tierra de los olvidos de arriba,
De rezos y lágrimas por costumbre social, y nada más,
Chorros de tierra del tiempo que siempre olvida,
Chorros de tierra que no sepultan
Mi romántica terquedad, virtuosamente insepulta.
¡Oh Diosa de la melancolía!
Lléname de tu venturosa gracia
Para seguir esperando con impaciencia
Que la sombra de las setenta huellas
Cabalguen la carreta de la muerte,
Muerte que ya me mide, me numera y me sonríe.
¡Oh Diosa de la melancolía!
Lléname de tu venturosa gracia
Para morir en paz sin los gusanos,
para morir en paz sin los olvidos,
para morir en paz sin la maleza del arcano
ni los chorros de tierra que lastiman tanto
la insensible estatura de mi muerte.
Lléname de tu venturosa gracia
Para escuchar las doce campanadas,
Los deseos de las doce uvas,
Los setenta ecos de mis huellas
Y el susurro socarrón de la carreta de mi muerte.
raudel_tartaro@hotmail.com
MELANCOLÍA ( II )
Bobby García
Leído los primeros minutos del 2012 en la reunión familiar.
¡¡ Feliz año a todos !!
Escuchad
hace años que el eco de mis pasos
repica como sanguaza colgada en mis recuerdos
es la sangre de mis arrugas la que hierve
es la orilla de mi río lo que hierve
-es la orilla del río que me espera-
Escuchad
es la espuma de mis huesos
que rebasa y atraganta mis renglones
que ahoga mis arrugas y mis canas
es el fuego de la piel derretida en los ojos
-son los ojos ciegos, abiertos, alertas, sin mirar-
Escuchad
es el cadáver deletreado entre mis manos
que anuncia el diluvio de mi orilla
son las voces de mis manos
que dibujan las arrugas de mis años
-mis años de escombros y de ruinas-
Escuchad
es la melancolía arrastrada por gusanos
el crujir del ataúd que se derrumba
la maleza que estorba la cuenca de mis ojos
son los ruidos de la carreta de mi muerte
-muerte que ya me numeró y me alcanzó-
Escuchad
es un tropel desquiciado
un grito sin fronteras desgarrado
miles de gargantas dislocadas
el torrente del río desbordado
-es la orilla del río que me espera-
Escuchad y observad
el torrente del río desbordado
arrastrando mis arrugas y mis canas
melancolía de silencios de saudades
mi cadáver mutilado sin su fosa
-mi cadáver rebalsado en la orilla-
Escuchad y observad
el cadáver derrumbado en la orilla es el mío
son mías las arrugas y las canas
son míos esos ojos abiertos sin mirar
el crujir del ataúd que se derrumba es mío
-ataúd que aprisiona mi nostalgia mis recuerdos-
Escuchad y observad
el festín de los harapos arrastrados por el río
son los míos, la guadaña que asoma es la mía
la maleza y los gusanos son los míos
el torrente que me arrastra es mi río
-torrente que humedece la estatura de mi muerte-
Escuchad y observad
aquella orilla que miraba desde lejos
ya me alcanzó ya la alcancé
el eco antiguo de mis pasos
ya no lo escucho escucho silencios
-silencio que preludia el silencio de mi muerte-
Con esta mística plegaria a la vida y la muerte
les entrego un abrazo solidario haciendo
votos porque el año nuevo nos una más como
familia y sociedad.
raudel_tartaro@hotmail.com
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