COMO UN HOMENAJE A ESE IMPACTANTE FENÓMENO, QUE NOS PERMITIÓ REFLEXIONAR –A MÍ UNA VEZ MÁS- LA PEQUEÑEZ DEL HUMANO.
Desde los primeros días del mes lo buscaba y hasta hoy lo encontré en mi archivo. Se los envío… sé que les gustará.
DESDE LA
CENTRALIDAD
DEL ECLIPSE.
(Publicado en agosto de 1991, en la Revista Compás)
Bobby García
*.- Nunca Jamás, Volveré a Vibrar Así.
*.- ¿Dónde Está La Matanza?
*.- La Burocracia Estatal Asuetó.
La ciudad parecía permanecer impasible ante lo que se avecinaba. No demostraba cambio alguno, como que no le preocupaba ser el centro de atención de casi todo el mundo. Las autoridades habían informado del acontecimiento y de las precauciones pertinentes.
Los pobladores contábamos los días y el pequeño sobresalto lo arropábamos en chistes y puntadas del eclipse. Las mujeres embarazadas se ponían su calzón rojo y mentalmente seleccionaron el lugar donde se acomodarían el fatídico día: un lugar confiable en donde ni por error se filtrara un rayo de luz. Para el miércoles diez (julio) la ciudad despertó con autobuses desconocidos que le abrían las piernas... miles de gentes de más, que la manoseaban por el vientre, sus muslos, la cadera, su boca ¡sus nalgas!...se revolvía y se inquietaba La Paz y los visitantes vuelta y vuelta con sus cámaras, tripies, mochilas, sus barbas y sus sandalias. Se agitaba la ciudad y no hallaba donde esconder sus cachetes encendidos. Amaneció el jueves medio plomizo y medio frío. Soplaba un tenue vientecillo.
Me levanté y tomé el listón rojo que colocaría en el limonero (y es que no me podía arriesgar a perder cientos de limones). A las nueve ya iba en mi carro por el Boulevard Forjadores. La ciudad se desenvolvía con toda naturalidad (a esa hora casi todo el comercio está cerrado) aunque la burocracia estatal “asuetó” el día a pesar de que se le informó que solamente las mujeres con hijos chicos serían consideradas. Los trabajadores federales conjugaron el PG (pelaron gallo)...pocos carros y poca gente. La Bravo casi desierta, así como la Revolución. Después de recorrer el centro me regresé, pero antes pasé por una tortillería ya que no teníamos pensado salir hasta después del acontecimiento . Eran las diez con siete minutos cuando metimos los perros y las jaulas con los pericos del amor. Nos sentamos frente la tele y coloqué la grabadora (regalo de mi hermano doctor). Pasábamos de un canal a otro mientras el acontecimiento estaba a punto de pasar por las islas de Hawai. “estamos en la centralidad del eclipse”, decía la voz de un tal Ramón Fregoso, de Televisa. En otro canal la ciencia hacía alarde de capacidad y la voz del conductor decía: “Se medirá el diámetro del sol y estudiaremos sus columnas de gases...propiamente no es gas sino plasma, cuarto estado llamado de la materia; consideramos que el sol no es sólido, –seguía la voz- líquido ni gaseoso; es un gran horno termonuclear y es la única oportunidad que un ser humano tiene de observar las protuberancias a simple vista”... y los minutos seguían recorriendo la escala sin retroceso. Vemos el reloj de pared (regalo de mi padre) y son las diez con 21 minutos. Dos minutos después (10:23 AM) la cita cosmológica se cumple y la luna empieza los coqueteos; medio le muerde una oreja al sol y lo va penetrando lentamente...el astro rey, el todo energía cósmica, el dueño del sistema solar, empieza a llorar sombras...sus ojos se van cerrando.
En la pantalla aparecen las imágenes de Hawai y La Matanza (BCS)...mi hija chica me dice: “¿dónde está La Matanza”? (silencio absoluto). Se acortan los minutos y la media luna-sol poco a poco va perdiendo la batalla. Nuevamente la voz de Fregoso: “estamos en la centralidad del eclipse, en pleno desierto sudcaliforniano, es bellísimo, es un lugar lleno de naturaleza, las cactáceas, que incluso la SEDUE ha impuesto severas medidas para evitar que sean robadas ya que tienen un fuerte mercado”. Volvimos al canal local para seguir el apareamiento de los dos colosos. Mi esposa hace esfuerzos para mantener la calma en mis dos hijos y dos nietos (que nunca hacen caso). Yo grababa y me asomaba por las ventanas al frente y al patio rumbo a la Colonia Ocho de Octubre. El cielo se ponía más plomizo y los árboles a ratos se mecían. Los perros se inquietaban y les abrí la puerta para que se fueran a sus andanzas diarias. El piso de enfrente se fue viendo amarilloso...un poco menos luz en el interior de la casa tal como si fuera atardeciendo; los periquitos del amor siguen cantando desaforadamente.
Poco a poco se va comiendo la luna al sol. Mi ansiedad aumenta y ya son las once con 40 minutos. Los pericos se van callando mientras la información televisiva continúa: “ de 22 elementos de seguridad se aumentó a 110 y de 15 patrullas a 75”. “Vamos a tener un momento espectacular; vamos a ver el punto brillante que empezará a desaparecer. Ese punto brillante cuando empieza a verse la corona solar, da aspecto de un anillo...¿Cuál es el collar de perlas de Bayle? Bueno, mire, ocasionalmente pasan los rayos de la luz solar a través de los espacios entre las montañas de la luna y entonces se alcanzan a ver puntos brillantes de luz del sol, que está detrás, y se ven como perlas. Unos cuantos segundos y la sombra de la luna cubrirá el esplendor del sol...230 millones de los 5 mil trescientos millones de habitantes, observarán el fenómeno natural que a través de los milenios ha provocado toda clase de supersticiones”.
Los periquitos del amor (son más de 20) se fueron callando al igual que nuestros comentarios; la tarde se sigue brincando por las ventanas y nuestros poros, metiéndose por los huesos y el entendimiento. Ese silencio total del barrio y todas las puertas cerradas. Se llegó el momento de la cita, precisa, contundente, impactante, como se llega a la muerte.
Son las ONCE CON 47 MINUTOS del jueves once de julio de 1991 y el ECLIPSE DE SOL EN SU FASE DE TOTALIDAD.
Subo corriendo la escalera rumbo a la terraza, abro la puerta y volteo hacia arriba...allí esté el espectáculo jamás imaginado; se me enchina la piel, quiero grabar y no puedo, la voz no me sale, pierdo la noción de la realidad y me quedo estático; esa masa medio oscura y ese resplandor universal; esa corona brillante; esos picos como cucuruchos. Volví al mundo y veo vecinos saliendo de sus casas a los patios; me recordé las fiestas de fin de año, escuché voces como clandestinas, como cuando se comentan cosas misteriosas. Esa soledad y ese casi misticismo como cuando se llega a los umbrales de lo desconocido. Llegó corriendo mi joven hijo y me dice: ¿Dónde está? Allí, le dije; vio hacia el cielo y se le acabaron las palabras. Sube mi hija chica y al rato una de mis hijas casadas (la culpable de los nietos desmadrosos). Todo fue distinto, las voces como salidas del cemento, las lámparas rumbo a la Uni, encendidas, la sensación de una tenue brisa y olor a mar, a playa, todo, absolutamente todo fue impactante e indescifrable; no fue la noche clásica pero sí la madrugada más electrizante que jamás volveré a vibrar. Ese disco oscuro y la franja brillante, muy brillante con un punto casi rojo tal como si fuera la luz de una mica trasera de un carro vista desde muy lejos. Ese resplandor expandido en dos protuberancias (cucuruchos), las luces de las calles de la Ocho de Octubre . Más voces y más vecinos saliendo. Tres estrellas (planetas) en línea con la conjunción astral. Esa corona informe como caprichosa lava petrificada o como pintura de un niño. Ese ambiente que me rodea, esa sensación que me recorre...esa certidumbre de que por única vez estamos siendo espectadores estelares de algo que jamás volveremos a ver, pero que mientras nos dure la razón lo podemos narrar, esa certidumbre de estar cara a cara a lo universal...¡ y poderlo narrar!... tal como la muerte se da una sola vez en la neurona del tiempo. Qué fuera de nosotros si pudiéramos fundir el momento de la muerte, observarlo, sentirlo, medirlo, asimilarlo y...¡soltarlo al viento! regalarlo a los demás en explicación tal y como nos sucede en estos momentos de armonía sideral. Esa sensación de nacer y morir cuando la oscuridad se mete por los rincones de la casa y del alma; ese silencio que se petrifica en los periquitos del amor; ese mundo marino trastocado por un día tan corto y una noche instantánea... ese brincar de mi hija chica, con los brazos al espacio cuando llega la noche a la sala; esa tarde no invitada que llega repentinamente y ya es la totalidad del eclipse y ya se prendieron los focos de las calles y ya las aguas de la bahía y sus peces se visten de inquietud, y ya mi perro chico durmiendo ¡porque llegó la noche y es hora de dormir! Y ya mi mujer hablando a Cachanía... y la ciudad está quieta y los minutos ahora se comen al eclipse y lo quisiéramos retener más...y desde La Matanza, la ciencia no descansa y las barbas y las sandalias se abrazan con júbilo.
Ese espectáculo magnánimo para que en un fugaz instante sea pasado y archivo. Tanta plenitud de conocimientos para reflexionar en nuestra insignificancia universal, en nuestra pequeñez astral como la pequeñez gigante de la prehistoria… ¡y recordar la cuenta larga de los Mayas, cantores de los tiempos!
“Este once de julio estamos en uno de los ciclos máximos solares más intensos de que se tengan registros”, tanto conocimiento del universo, esa danza de luz y sombras ¡y tan poco que sabemos del humano! Tanto saber de los astros, su órbita, su peso, su traslación, su temperatura, tanto saber de leyes, de relatividad, de biología y... ¡saber tan poco del comportamiento humano! ¡Qué extraordinaria lección de humildad y humanismo nos dio la armonía celeste!
Son las once con 55 minutos y la luna empieza a perder la batalla sideral, armónica y dialéctica, con el sol. Regreso a la sala y los periquitos reinician su plática interrumpida; mi cachorro estira sus patas y mueve la cabeza...vuelve el día que se hechizó unos minutos.
Qué magnitud de infinito en la voz de Fregoso: “el sol es 400 veces más grande que la luna. El sol está a 150 millones de kilómetros de la tierra mientras que la luna está a 384 mil Km”. Ese perder la dimensión de la realidad de algo que nos llenó de energía, sobresalto y reflexión. Tan grande y armónico el universo para la pequeñez y desorden del humano...¡tanta armonía sideral y tantas guerras fratricidas en la tierra! Una cita puntual en cientos de años y a millones de kilómetros ante la miseria impredecible del Homo Sapiens.
Mientras, allá en los tiempos sin tiempo, los caldeos y los griegos, los incas, mayas y aztecas, seguirán midiendo el tiempo y el espacio...mientras, Isis y Osiris, Coatlicue y Quetzalcoatl ya tendrán más tiempo para tejer nuevas leyendas en la piel del hombre...mientras, la cuenta larga del sol y los mayas iniciaron su regreso en once años más, en su ciclo máximo como la máxima sangre de las Guerras Floridas de los mexicas. El misterio de la Hégira Olmeca y el Bastón de los Incas seguirán siendo eso ¡un misterio! como el misterio de los eclipses para el hombre primitivo,.. Mientras, tengo la certeza absoluta, petrificada, enraizada en el alma, de que nunca VOLVERÉ A VIBRAR CON LA ENERGÍA ASTRAL COMO EN ESTOS MOMENTOS.
Esperar algo único, fundirlo y lanzarlo a los cuatro rumbos, en contradicción absoluta con la muerte, la que esperamos por una sola vez, saberla, sentirla, no poderla descifrar mucho menos lanzarla al viento como experiencia...es la única experiencia que no podemos contar. El eclipse del milenio sí lo enraizamos en el alma, en los huesos, en las paredes de la casa y la ciudad.
Nos hermanó la luz y la sombra unos instantes; nos hizo iguales en la noche corta y nos volvió al mundo de los desiguales en siete minutos. Todo el experimento se fue en las alforjas de los ALMANAUTAS...qué pequeños somos ante el cielo estrellado. Qué insensatos los que se creen dueños del poder...
Y recordé entonces: “estamos en la centralidad del eclipse, en pleno desierto sudcaliforniano, es bellísimo, es un lugar lleno de naturaleza”...Y recordé que estamos en la centralidad del desierto humano...Pero qué bello fue que López Arvisu, nos recordara que tenemos alma, cuando nos hizo vibrar con “LA ESPEJEADA”... “Salgan con espejos y diríjanlos al cerro atravesado: ¡una cosa extraordinaria! Brillan hasta los confines del Cajoncito y del Esterito y del Pedregal.
Tenemos alma que vibró con el ECLIPSE DEL MILENIO...
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